He escuchado unas declaraciones muy interesantes del escritor, guionista y director mexicano Guillermo Arriaga a propósito del vestuario en el cine, un oficio que no se valora como, porgamos, el del director de fotografía. Cuenta Arriaga que Quentin Tarantino le chivó un truco fundamental a la hora de dirigir una película: “Estate presente en TODAS las pruebas de vestuario”, cuando el actor o la actriz se prueban sus pantalones, camisas, chaquetas, sombreros…
Estas palabras me recordaron a otras escritas por el gran Sidney Lumet, que en su maravilloso libro Así se hacen las películas (Rialp) recuerda que fue precisamente el departamento de vestuario de la comedia negra Negocios de familia el que hizo que Sean Connery descubriera, por fin, a su personaje. Y lo logró gracias a una cazadora.
En Apocalypse Now el vestuario, del que se encargó un equipo de ocho profesionales, también tuvo su trabajo. La más icónica vestimenta es la de Kilgore, con su anacrónico sombrero negro del Séptimo de caballería. Hoy un icono del cine, casi un icono pop. También el ligero vestuario de las bellas chicas Playboy representan una burla de la cultura peliculera yanqui: una india, una vaquera y otra con el uniforme de la unión.
Para crear a su coronel Kurtz Marlon Brando pidió al equipo de vestuario pijamas negros XXL por los muchos kilos que había ganado en los últimos años. Y aceptó presentar a Kurtz totalmente rapado después de que Coppola le rogase que leyese la novela El corazón de las tinieblas, algo que no hizo hasta comenzada su intervención en el rodaje.
También Chef y Lance, los soldados asignados a Willard en su peligrosa misión, al final acaban transformados en personajes de la Edad de Piedra. Lance, el surfista, con la cara pintada, collares tribales y taparrabos y Chef, el cocinero sureño que lleva tatuada una cobra en el brazo derecho, con vegetación de la jungla sobre su cabeza.
Pero el mejor momento del departamento de vestuario se vivió con el personaje de Dennis Hopper, el pirado fotoperiodista. El personaje de Hopper fue sugerido por primera vez por Chas Gerretsen, fotógrafo neerlandés que cubrió la Guerra de Vietnam y ha colaborado con mi libro APOCALYPSE NOW. Gerretsen fue contratado por Coppola para hacer las fotos del rodaje porque pensó que no había nadie mejor que un fotorreportero de guerra para hacer aquel trabajo. Almorzando, Gerretsen sugirió a Coppola que si quería retratar el lado maníaco de la prensa, debería usar un fotoperiodista porque “todos estábamos locos”.
La primera decisión de Coppola con respecto al personaje de Hopper fue su caracterización. Pensó en un hombre bien afeitado, con boina, ropa militar y una cámara de fotos, pero no le convencía y pidió su opinión a Gerretsen, que cuando vio al actor, dijo: “Le faltan cámaras, un fotorreportero lleva muchas más”. A Hopper se le iluminó la cara, le pidió a Gerretsen todas sus cámaras y se las colocó. Coppola accedió enseguida a que las llevase y le prometió al fotógrafo comprarle más cámaras Nikon F, especialmente usadas por los fotoperiodistas que cubrían la Guerra de Vietnam. Hopper completó su personaje con ropas locales, un pantalón de camuflaje, una cinta roja mugrienta, collares, unas viejas gafas de sol y poca ducha. Y lo bordó.
Puedes descubrir más sobre Apocalypse Now aquí: Apocalypse Now – Ediciones del Cuco
Iván Reguera