Muchos relacionan inmediatamente el LSD, que Ken Kesey probó en el Hospital para Veteranos de Menlo Park, en California, con la revolución hippie y la contracultura, pero detrás de esas pastillas mágicas que te llevan al País de las Maravillas también estaba el gobierno. Y la CIA.
Las audiencias del Senado presididas por Ted Kennedy confirmaron que desde la Segunda Guerra Mundial varias agencias del gobierno de Estados Unidos habían realizado una extensa serie de pruebas con LSD y otras sustancias. El Proyecto CHATTER (de 1947 a 1953) de la Marina de los Estados Unidos, buscó desarrollar un suero de la verdad para usarlo en sus interrogatorios a enemigos capturados. Además, numerosos científicos que trabajaban para el ejército buscaron desarrollar armas psicoquímicas para incapacitar o desorientar al enemigo y que cambiarían por completo el campo de batalla. Entre 1955 y 1958, los militares administraron LSD a más de mil voluntarios en pruebas en los Laboratorios de Guerra Química del Ejército en Edgewood, Maryland.
Pero fue la CIA la que más trabajó en este campo. Con la Operación BLUEBIRD, más tarde la Operación ARTICHOKE, buscaron modificar la conducta de sus interrogados y tras la guerra de Corea desarrollaron ampliamente las técnicas de lavado de cerebro. El proyecto estrella, y que costó millones de dólares, fue el MK-ULTRA, desarrollado de 1953 a 1964. MK-ULTRA era una organización paraguas que financiaba y coordinaba 149 subproyectos que estudiaban el efecto de drogas en sujetos humanos. En uno de esos subproyectos hasta se echó LSD de forma subrepticia en las copas de clientes masculinos en burdeles de San Francisco y Nueva York.
MK-ULTRA pagó por su colaboración a 44 colegios y universidades, 15 fundaciones de investigación o compañías farmacéuticas, 12 hospitales o clínicas y 3 instituciones penales. Todos experimentaron con LSD-25, marihuana, alcohol, barbitúricos, peyote, mescalina, cocaína, nitrato de amilo, PCP, heroína, anfetaminas y óxido nitroso, más conocido como gas de la risa. Ted Kennedy llegó a acusar a la CIA de haber participado en “actividades que involucraron la perversión y la corrupción de muchos de nuestros destacados centros de investigación en este país”.
Y uno de aquellos centros de investigación fue el Hospital de Veteranos de Menlo Park, cerca del campus de Stanford y Perry Lane. Desde principios de los 50, el doctor Leo Hollister había desarrollado allí nuevos medicamentos psiquiátricos. A finales de abril de 1959, Hollister asistió a una conferencia de investigación sobre el LSD organizada por la Fundación Josiah Macy, un tinglado que tenía muy estrechos lazos con la CIA. Un año después de la conferencia, Hollister levantó su propio proyecto. En aquellos ensayos semanales en los que participó Kesey, Hollister usaba solo a sujetos voluntarios, todos examinados antes para asegurarse de que gozaban de buena salud general y no tenían evidentes trastornos psiquiátricos. El proyecto fue respaldado por el Instituto Nacional de Salud Mental, también financiado por la CIA.
Puedes saber más sobre los experimentos de la CIA con el LSD y la creación de Alguien voló sobre el nido del cuco en Los locos de Salem: Los locos de Salem – Ediciones del Cuco.