CERO ejemplares

A cierta edad, como la mía, se vive con una mezcla de resignación y de sorpresa. La resignación la trae la madurez tras unos cuantos fracasos, decepciones y traiciones y también tener calados a tus semejantes, tan previsibles. La sorpresa viene cuando sabes que lo que creías intocable es no solo tocable sino perecedero y prescindible.

El gran cine que creías eterno por su poder de seducción popular, transmitido y gozado generación tras generación, ha sido apartado, borrado. Despreciado y suplantado por basura, como ha pasado en música. Y todo ocurre en el momento de la humanidad, único, en el que millones pueden acceder de forma pasmosamente certera al conocimiento acumulado durante siglos.

En vez de aprovechar la fabulosa oportunidad de conocer y divulgar lo que descubrimos, tenemos el “yoísmo”, la cultura del narcisismo, la imagen personal sobre la colectividad. También una demencial e inabarcable sobreproducción de productos “culturales” que han hecho volar por los aires lo que antes era el disfrute cultural, como cuando comprabas un voluminoso suplemento dominical para conocer y estar al loro de lo que se cocía culturalmente, aunque fuese cultura oficial.

Un reciente artículo de Tomaso Koch en El País ha sido muy comentado en redes por los aterradores datos que maneja. A saber: la mitad de los títulos impresos disponibles en las librerías de España vende CERO ejemplares a lo largo de un año. Repito, por si acaso: C E R O. Por fortuna, no es el caso de Ediciones del Cuco, pero el dato no deja de ser tristísimo.

El mercado está exhausto, como demuestra el pavoroso gráfico que copio y pego en este post. Se publican más novedades de las que se pueden vender (27 DIARIAS) y los libreros son incapaces de seleccionarlas y cuidarlas. Se ha dejado de analizar la calidad y se ha apostado por la cantidad. Ingente, desmedida. Y, para colmo, la concentración del mercado es más descarada que nunca: casi la mitad de las copias vendidas son de solo dos grupos: Penguin Random House y Planeta. ¿Quiere deprimirse un poco más? Venga: la mitad de la población española tiene menos de 50 libros en casa.

Y a pesar de todo lo aquí expuesto, algunos todavía evitamos hundirnos en el cinismo y seguimos escribiendo, publicando y dando la tabarra con nuestras publicaciones. Y buscando un “nicho fiel”, como dicen los que pilotan de esta resbaladiza cosa de las ventas. Trabajando, creyendo en lo que haces y, sobre todo, disfrutando. Porque si no, ¿para qué? Hay autores y editores, los he conocido, que escriben “para la posteridad”. Se lo juro. Pobres infelices.

Como dijo Bukowski, algunos no sabemos arreglar una cañería o revisar un motor, pero podemos pasarnos noches repasando el capítulo de un libro. Porque estamos completamente locos.

I. Reguera

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